Yagé
1992
                       Autoflagelación realizada primero con un vidrio y luego con un crucifijo al que le ensamblo un bisturí quirúrgico. Tanto en la primera versión como en la segunda —la del crucifijo— retomo de manera suicida un ritual tan sagrado como el del Yagé. En ambas performances me lacero cerca del estómago, leo un texto de Cortázar y recojo la sangre con mi mano para ingerirla posteriormente.