Análisis

Entrevista a Rosemberg Sandoval

Por: Martin Boerr
Buenos Aires, Argentina, Junio 2011

Martin Boerr: ¿Qué podes decirnos de la relación Médico-chaman-político y artista?             

       Rosemberg Sandoval: El arte es una excavación de la realidad. Nosotros los artistas hace muchos siglos fuimos médicos, chamanes, guías político- espirituales y hacedores del arte al mismo tiempo. El pre renacimiento nos especializó, nos nombro un YO y nos destetó del trabajo anónimo mancomunado, quedándonos solo la función iluminada detonante y pedagógica social del arte.

MB: ¿Cuál fue ese momento preciso en el que supiste que querías ser un artista?

       RS: En mi casa, lo más aproximado a la pintura y a la performance lo hacia mi papá, que fue un albañil salvaje y al que yo de niño le preparaba los colores para sus trabajos en las casas de los vecinos. Mirarlo pintar de manera gestual, chorreada, obsesiva y desenfrenada trepado en una escalera hechiza de guadua, amarrada con alambre era conmovedor; entre otras cosas por el ruido y el olor a sábila, limón y cal que producían sus grandes brochazos estallando contra la pared. Esa manera de atacar el espacio sin compasión, con mucho vigor y energía pura, fue la que presencié por muchos años, además; de las acciones corporales que hacia mi tía Custodia, que vivía con nosotros, ella de una manera extraña y enferma permanecía acicalada, impecable, sentada y rígida por largas horas en su baúl de madera crudo que contenía todas sus cosas, para luego convulsionar contra el piso, y ni que decir de mis hermanos asfixiados en alcohol, mi hermana Silvia delirando y mi hermanita Teresita retardada mental. Esta era la vida convertida en Arte durante mi infancia, porque; luego a los diez u once años la lectura se me volvió una obsesión y cuando ingresé a la Escuela de Bellas Artes ya manejaba la historia del arte hasta el siglo XIX con el impresionismo y además tenía claridad política y filosófica. Allí en la Escuela inicié con arte moderno y contemporáneo y entendí los nuevos métodos de producción del arte, como la instalación, el video y la performance en donde me sentí muy amplio y conectado con América Latina, con Guadalupe Posada, Joaquín Torres-García, Fontana, Oiticica, el Instituto Di tella, el Centro de Arte y Comunicación (CAYC) de Buenos Aires en donde exhibí en 1986, también Gordon Matta Clark, y lo que se hacía en las Bienales de Sao Paulo, Venecia y Documenta.

MB: ¿Consideras el rol del artista como algo estigmático?

       RS: Habría que precisar a qué artista te refieres. Porque un artista es aquel que se reconstruye a cada instante de una manera coherente, lúcida y eficaz y allí los estigmas no tienen cabida.

MB: ¿Cómo reciben a tu obra los diferentes países?

       RS: La recepción de mi obra aquí en América Latina y Europa es muy luchada, porque las instituciones y los curadores son el mismo estado. Además lo que hago no tiene cara de sancocho*. Ojalá mi obra continúe saltando instituciones y quede en la memoria y en la conciencia del espectador.

MB: ¿Podrías decir que tu obra se suicida? ¿Qué dice callando? O ¿dice a los gritos?

       RS: Mi obra es poética- suicida, ética y moral. Re-des-truye iluminando en una sociedad cruel y corrupta como la nuestra.   

MB: ¿Hay algún tipo de “purga” en tus performance?

       RS: Mis performances son conciencia, flujo y documento en tiempo y espacio real. Mi cuerpo es comprensión, exploración, intención imantada y materia deleznable hecha desde mi lugar, mis performances son la purga de lo inhumano.

MB: ¿Qué rol tiene la vida, la muerte y el dolor en tu obra?

       RS: “Dolor, piedad y misterio construidos a manera de arte y arrojados desde la marginalidad”. El dolor precede a la muerte, es uno de los colores esenciales de la vida; tanto como el placer que es una interrupción del dolor o la felicidad que es una condición elevada del placer.

MB: ¿Qué papel cumplen los sentidos en tus instalaciones?

       RS: El arte es sensación corregida a través de la forma. Los sentidos actúan como conectores de una intención hecha arte en mi obra, sea dibujo, fotografía, instalación o performance.

MB: ¿Con qué barreras te encontraste ante un trabajo tan “escandaloso”?

       RS: Mi trabajo es ultra político, hago política desde el arte, entendiendo lo social, lo político y económico desde el arte.

Es Schopenhauer, Jorge Luis Borges y Tirofijo tamizados a través del anarco-marxismo y esto es un problema grave aquí en Colombia y en el mundo, con una obra tan desafiante y feroz.

MB: ¿Cuáles son los parámetros éticos y morales que estas dispuestos a descuartizar?

        RS: Transgredir y patear valores éticos y morales es muy importante cuando la historia social no es proporcional a la historia del arte. La ética es mucho más inmediata de asaltar que la moral que está conectada a la memoria colectiva. La moral es mi sistema de interpretación de la realidad, la moral como actitud, soporte y requisito para producir arte. Desafiando todo, desafiando el gusto, el mito del arte, el dinero y la mafia del arte.

MB: ¿Cuál de tus performances o instalaciones recordás con un entusiasmo particular? Cuéntame un poco sobre ella.

        RS: Cuando uno construye un tipo de obra, en donde empuña su alma y cada material está cargado de historias anónimas, ha sido tratado y ha llegado por vías no ortodoxas, es difícil, tener prioridades, por alguna obra en especial.

MB: ”Latino América como el tercer mundo”: Que encierra este mito?

        RS: América Latina es una utopía por re-construir, somos un solo país con diferentes incertidumbres y al mito habría que anexarle: América Latina, un lugar donde se vive, se sueña, se ejecuta un proyecto de vida y se muere dignamente.

MB: ¿Qué futuro apostás para el arte latinoamericano?

       RS: El panorama del arte latinoamericano es triste servil y humillante, pues todos quieren ser exóticos y neo-pop. Esto es muy grave, habría que diseñar ya, una Brigada de corrección moral. Por Ejemplo, en nuestro arte Colombiano Joven no hay relevo generacional, no hay continuidad brillante, ni ruptura amenazante.

Las plataformas de producción de arte en nuestro continente son México D.F, Buenos Aires, Sao Paulo y Bogotá. Con excepciones en Caracas, La Habana y Santiago de Chile. Esto es extraño, absurdo y dogmático cuando hoy en día con los nuevos medios ubicuos se podría legitimar arte sin importar el lugar. Para mí, Colombia es el mundo.

El sancocho es uno de los platos típicos más populares de Colombia y una de sus insignias culinarias que ha sido propuesto en distintas ocasiones como plato nacional. El sancocho es consumido en Colombia principalmente a la hora del almuerzo a manera de plato fuerte; es una comida que se ofrece en fiestas, paseos y celebraciones populares.